EL OLVIDADO COMBATE DE MARTÍN GARCÍA: UN CAPÍTULO INÉDITO DE LA HISTORIA DEL RÍO DE LA PLATA
Crónicas del Este 11/10/2024 Sociedad
Memo Rioso
El 11 de octubre de 1838, un hecho trascendental pero hoy olvidado, cambió el curso de la historia en el Río de la Plata: la invasión francesa de la Isla Martín García. Este enfrentamiento, poco recordado en los libros de historia, involucró a las fuerzas de la Confederación Argentina bajo el mando de Jerónimo Costa y una alianza inusual entre Francia y el caudillo oriental colorado Fructuoso Rivera. Este combate se enmarcó en el contexto más amplio del bloqueo francés al Río de la Plata, una operación que buscaba debilitar el poder del gobernador bonaerense, Juan Manuel de Rosas.
EL BLOQUEO FRANCÉS Y LA ALIANZA CON RIVERA
El conflicto que llevó al combate de Martín García se originó el 28 de marzo de 1838, cuando la flota francesa bloqueó Buenos Aires y los puertos de la Confederación Argentina, interrumpiendo el comercio. Oficialmente, el motivo del bloqueo era la negativa de Rosas a eximir a los súbditos franceses del servicio militar y ofrecer garantías a ciudadanos de esa nación. Sin embargo, el trasfondo real estaba vinculado con la política expansionista del rey francés Luis Felipe de Orleáns, que pretendía influir en los asuntos internos del Río de la Plata.
El vicecónsul francés Aimé Roger, con una actitud arrogante y provocadora, agravó las tensiones al imponer un ultimátum a Rosas, exigiendo concesiones que el caudillo argentino rechazó. Mientras tanto, Francia promovía movimientos opositores en las provincias argentinas y en Uruguay, aglutinando a los enemigos de Rosas. Uno de los principales aliados de los franceses fue nuestro conocido y polémico, Fructuoso Rivera, el líder colorado que buscaba consolidar su poder en Uruguay y debilitar la influencia de Rosas en la región.
LA ESTRATEGIA FRANCESA: MARTÍN GARCÍA EN LA MIRA
La pequeña y estratégica Isla Martín García, ubicada en la desembocadura del río Uruguay, se convirtió en un objetivo crucial para los franceses y sus aliados. Controlarla significaba dominar una posición clave en el Río de la Plata, desde donde se podía hostigar a las fuerzas rosistas y asegurar la supremacía naval en la región.
El 10 de octubre de 1838, una flota de ocho barcos —cuatro franceses y cuatro pertenecientes a las fuerzas de Rivera—, comandada por el francés Daguenet, se presentó ante Martín García y exigió la rendición de la guarnición argentina. La defensa de la isla estaba a cargo del coronel Jerónimo Costa y 110 hombres del Regimiento de Patricios, junto con el capitán Juan Bautista Thorne, comandante de la goleta Sarandí. A pesar de contar con trincheras incompletas y cañones mal montados, Costa rechazó la oferta de rendición, decidido a defender el honor de su patria.
EL ASALTO A LA ISLA
Al amanecer del 11 de octubre, comenzó un intenso bombardeo naval. Durante horas, los barcos franceses y uruguayos, armados con cerca de 40 cañones, castigaron las posiciones argentinas. A pesar de la valentía de los defensores, los proyectiles golpeaban sin cesar las frágiles trincheras y desmantelaban las defensas. Al final del día, bajo la protección de la artillería, desembarcaron cerca de 500 hombres, entre ellos 150 orientales comandados por el capitán italiano Santiago Sciurano, alias Chentopé, un aliado de Rivera.
El combate en tierra fue feroz pero breve. Durante más de una hora, los defensores resistieron con gallardía, disparando sus cañones y defendiendo cada palmo de terreno, pero la superioridad numérica de los atacantes y la falta de recursos jugaron en su contra. Los invasores lograron finalmente tomar el reducto, capturando a Costa y sus hombres.
EL PARTE DE COSTA: TESTIMONIO DE UNA DERROTA HONROSA
En su parte oficial, Jerónimo Costa narró el combate con detalles que reflejan tanto la valentía de sus hombres como la inevitabilidad de la derrota. A pesar de las precarias defensas y las desventajas tácticas, los argentinos se mantuvieron firmes hasta el último momento. Costa destacó el valor de sus oficiales, como el mayor Juan Bautista Thorne y el subteniente Molina, que, junto con los milicianos, ofrecieron una resistencia heroica. Las pérdidas argentinas fueron significativas, con 12 muertos y entre 20 y 25 heridos, pero Costa resaltó que los oficiales franceses mostraron un trato generoso hacia los prisioneros.
SAN MARTÍN ACUSÓ A RIVERA DE SER UN TRAIDOR
Lo más doloroso de este episodio no fue la derrota militar, sino la traición que significó la alianza de Rivera con los franceses. El general José de San Martín, retirado en Francia, observó con indignación cómo algunos americanos se aliaban con un invasor extranjero para humillar a su patria. En una carta enviada a Rosas el 10 de julio de 1839, San Martín condenó este tipo de traición con palabras contundentes: “Una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”. Para el Libertador, la intervención francesa y la complicidad de algunos líderes locales como Rivera, representaban una nueva forma de opresión, peor que la que se había sufrido bajo el dominio español.
EL LEGADO OLVIDADO DE MARTÍN GARCÍA
El combate de Martín García fue mucho más que un enfrentamiento bélico. Representó un punto de inflexión en la lucha por el control del Río de la Plata, una región en constante disputa entre potencias extranjeras y caudillos locales. A pesar de su victoria táctica, la invasión francesa no logró destruir la resistencia de Rosas, quien seguiría luchando contra las intervenciones extranjeras por varios años más. Sin embargo, la traición de Rivera y la intervención extranjera marcaron una profunda cicatriz en la historia de la región.
Memo Rioso
El 11 de octubre de 1838, un hecho trascendental pero hoy olvidado, cambió el curso de la historia en el Río de la Plata: la invasión francesa de la Isla Martín García. Este enfrentamiento, poco recordado en los libros de historia, involucró a las fuerzas de la Confederación Argentina bajo el mando de Jerónimo Costa y una alianza inusual entre Francia y el caudillo oriental colorado Fructuoso Rivera. Este combate se enmarcó en el contexto más amplio del bloqueo francés al Río de la Plata, una operación que buscaba debilitar el poder del gobernador bonaerense, Juan Manuel de Rosas. EL BLOQUEO FRANCÉS Y LA ALIANZA CON RIVERA El conflicto que llevó al combate de Martín García se originó el 28 de marzo de 1838, cuando la flota francesa bloqueó Buenos Aires y los puertos de la Confederación Argentina, interrumpiendo el comercio. Oficialmente, el motivo del bloqueo era la negativa de Rosas a eximir a los súbditos franceses del servicio militar y ofrecer garantías a ciudadanos de esa nación. Sin embargo, el trasfondo real estaba vinculado con la política expansionista del rey francés Luis Felipe de Orleáns, que pretendía influir en los asuntos internos del Río de la Plata. El vicecónsul francés Aimé Roger, con una actitud arrogante y provocadora, agravó las tensiones al imponer un ultimátum a Rosas, exigiendo concesiones que el caudillo argentino rechazó. Mientras tanto, Francia promovía movimientos opositores en las provincias argentinas y en Uruguay, aglutinando a los enemigos de Rosas. Uno de los principales aliados de los franceses fue nuestro conocido y polémico, Fructuoso Rivera, el líder colorado que buscaba consolidar su poder en Uruguay y debilitar la influencia de Rosas en la región. LA ESTRATEGIA FRANCESA: MARTÍN GARCÍA EN LA MIRA La pequeña y estratégica Isla Martín García, ubicada en la desembocadura del río Uruguay, se convirtió en un objetivo crucial para los franceses y sus aliados. Controlarla significaba dominar una posición clave en el Río de la Plata, desde donde se podía hostigar a las fuerzas rosistas y asegurar la supremacía naval en la región. El 10 de octubre de 1838, una flota de ocho barcos —cuatro franceses y cuatro pertenecientes a las fuerzas de Rivera—, comandada por el francés Daguenet, se presentó ante Martín García y exigió la rendición de la guarnición argentina. La defensa de la isla estaba a cargo del coronel Jerónimo Costa y 110 hombres del Regimiento de Patricios, junto con el capitán Juan Bautista Thorne, comandante de la goleta Sarandí. A pesar de contar con trincheras incompletas y cañones mal montados, Costa rechazó la oferta de rendición, decidido a defender el honor de su patria. EL ASALTO A LA ISLA Al amanecer del 11 de octubre, comenzó un intenso bombardeo naval. Durante horas, los barcos franceses y uruguayos, armados con cerca de 40 cañones, castigaron las posiciones argentinas. A pesar de la valentía de los defensores, los proyectiles golpeaban sin cesar las frágiles trincheras y desmantelaban las defensas. Al final del día, bajo la protección de la artillería, desembarcaron cerca de 500 hombres, entre ellos 150 orientales comandados por el capitán italiano Santiago Sciurano, alias Chentopé, un aliado de Rivera. El combate en tierra fue feroz pero breve. Durante más de una hora, los defensores resistieron con gallardía, disparando sus cañones y defendiendo cada palmo de terreno, pero la superioridad numérica de los atacantes y la falta de recursos jugaron en su contra. Los invasores lograron finalmente tomar el reducto, capturando a Costa y sus hombres. EL PARTE DE COSTA: TESTIMONIO DE UNA DERROTA HONROSA En su parte oficial, Jerónimo Costa narró el combate con detalles que reflejan tanto la valentía de sus hombres como la inevitabilidad de la derrota. A pesar de las precarias defensas y las desventajas tácticas, los argentinos se mantuvieron firmes hasta el último momento. Costa destacó el valor de sus oficiales, como el mayor Juan Bautista Thorne y el subteniente Molina, que, junto con los milicianos, ofrecieron una resistencia heroica. Las pérdidas argentinas fueron significativas, con 12 muertos y entre 20 y 25 heridos, pero Costa resaltó que los oficiales franceses mostraron un trato generoso hacia los prisioneros. SAN MARTÍN ACUSÓ A RIVERA DE SER UN TRAIDOR Lo más doloroso de este episodio no fue la derrota militar, sino la traición que significó la alianza de Rivera con los franceses. El general José de San Martín, retirado en Francia, observó con indignación cómo algunos americanos se aliaban con un invasor extranjero para humillar a su patria. En una carta enviada a Rosas el 10 de julio de 1839, San Martín condenó este tipo de traición con palabras contundentes: “Una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”. Para el Libertador, la intervención francesa y la complicidad de algunos líderes locales como Rivera, representaban una nueva forma de opresión, peor que la que se había sufrido bajo el dominio español. EL LEGADO OLVIDADO DE MARTÍN GARCÍA El combate de Martín García fue mucho más que un enfrentamiento bélico. Representó un punto de inflexión en la lucha por el control del Río de la Plata, una región en constante disputa entre potencias extranjeras y caudillos locales. A pesar de su victoria táctica, la invasión francesa no logró destruir la resistencia de Rosas, quien seguiría luchando contra las intervenciones extranjeras por varios años más. Sin embargo, la traición de Rivera y la intervención extranjera marcaron una profunda cicatriz en la historia de la región.
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