EL CRIMEN DE LA CALLE MISIONES: LA PUÑALADA QUE ABRIÓ UNO DE LOS EXPEDIENTES MÁS OSCUROS DE MONTEVIDEO
Crónicas del Este 30/08/2026 Política
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Hay expedientes que envejecen en silencio. Los años les comen las tapas, el polvo se mete entre sus páginas y los nombres de quienes declararon terminan perdiéndose en la memoria. Pero algunos crímenes tienen una particularidad: cuanto más tiempo pasa, más preguntas aparecen.
Crónicas del Este inaugura con esta historia una recorrida por antiguos crímenes del Uruguay. Vamos a sacar polvo de viejos archivos, volver sobre asesinatos que alguna vez sacudieron a Montevideo y mirar nuevamente aquellas investigaciones policiales y judiciales en las que, muchas veces, la verdad quedó atrapada entre testimonios contradictorios, intereses políticos y silencios.
Para comenzar, viajemos hasta 1848.
La ciudad estaba en plena Guerra Grande. Montevideo permanecía sitiada por las fuerzas de Manuel Oribe y la política rioplatense era un hervidero de conspiraciones, enfrentamientos y pasiones.
En ese escenario apareció un hombre que se había convertido en una de las plumas más incómodas para el rosismo: Florencio Varela, abogado, periodista, escritor y político argentino exiliado en Montevideo.
Varela había fundado El Comercio del Plata, periódico que se transformó en una de las principales voces opositoras a Juan Manuel de Rosas. Su actividad periodística y política lo había colocado en una posición particularmente peligrosa y entonces llegó aquella noche: Una sombra esperando en la calle
Era el 20 de marzo de 1848, poco después de las ocho de la noche.
Varela regresaba a su domicilio de la calle Misiones. Había estado realizando diligencias profesionales y caminaba solo por una zona que, a esa hora, comenzaba a quedar en silencio.
Al llegar frente a su casa, un hombre salió de las sombras.
Era Andrés Cabrera, un pescador nacido en las Islas Canarias que se había radicado en Montevideo.
No hubo una discusión prolongada ni una pelea callejera. Según las reconstrucciones históricas, Cabrera atacó a Varela por la espalda con un arma blanca. La herida fue mortal. El periodista alcanzó a desplazarse unos metros y cayó frente a una zapatería ubicada en el número 91 de la calle Misiones.
Desde la casa escucharon golpes y quejidos.Cuando salieron, encontraron al hombre tendido.
Florencio Varela estaba muriendo.
EL ASESINO DESAPARECIÓ
Aquí comienza la parte policial que todavía resulta inquietante.
Cabrera consiguió escapar prácticamente inmediatamente después del ataque y se dirigió hacia el campo controlado por las fuerzas sitiadoras.
La rapidez con la que desapareció alimentó desde el primer momento la sospecha de que no se trataba simplemente de un crimen callejero.
En las horas siguientes, la noticia corrió por Montevideo. Y, según las investigaciones de la época, el propio Cabrera habría llegado hasta el campamento de Oribe después del asesinato.
Pero quedaba una pregunta que iba a perseguir al expediente durante años: ¿Quién había mandado matar a Florencio Varela?
EL EXPEDIENTE QUE NO QUISO MORIR
Cabrera fue identificado como autor material del asesinato. Con el tiempo fue capturado y sometido a un proceso judicial.
Sin embargo, la causa adquirió una dimensión política enorme.
Una sentencia de segunda instancia sostuvo que Cabrera había cometido el asesinato por mandato del general Manuel Oribe, jefe de las fuerzas que sitiaban Montevideo. Esa conclusión fue discutida posteriormente por historiadores y por otras interpretaciones del caso y aquí conviene detenerse. Porque una cosa es saber quién empuñó el arma y otra muy distinta determinar quién estuvo detrás del crimen.
Durante décadas circularon acusaciones que involucraron a distintos actores políticos de la época. La responsabilidad intelectual del asesinato, especialmente respecto de Oribe y Rosas, continúa siendo materia de debate historiográfico.
Es precisamente esa zona gris la que convierte al caso en una verdadera historia policial.
Varela tenía apenas 41 años y dejó una familia numerosa. Su asesinato provocó una fuerte conmoción en Montevideo y Buenos Aires.
Su muerte no fue solamente la desaparición física de un periodista. En medio de la Guerra Grande, significó también el silenciamiento violento de una de las voces políticas más activas contra el régimen rosista.
La causa continuó durante años. Cabrera fue finalmente condenado y permaneció encarcelado hasta su muerte. El expediente, sin embargo, siguió acumulando declaraciones, documentos y controversias.
Tanto interés despertó el caso que en 2025 se publicó La muerte bajo la luna de la calle Misiones, del investigador Edgardo Ettlin, una obra de casi 600 páginas dedicada precisamente a reconstruir el asesinato, sus protagonistas y el tortuoso proceso judicial posterior. El catálogo de la Biblioteca del Poder Legislativo señala que el libro aborda desde las primeras investigaciones hasta el proceso contra Cabrera y las distintas líneas que intentaron llegar a los responsables intelectuales.
La pregunta que quedó flotando
Uno puede imaginar aquella Montevideo oscura de 1848.
Una calle casi vacía.
Un hombre caminando hacia su casa.
Una figura esperando.
Un destello metálico.
Un grito.
Y después, silencio.
El asesino escapó. El muerto quedó tendido frente al número 91 de Misiones. La investigación encontró al brazo ejecutor, pero durante generaciones siguió buscando la mano que pudo haberlo dirigido.
Tal vez por eso este crimen merece volver a ser contado.
Porque los viejos expedientes nunca están completamente muertos.
A veces solamente esperan que alguien vuelva a abrirlos y en Crónicas del Este, vamos a hacerlo.
La próxima vez, otro crimen olvidado. Otra historia policial enterrada por el tiempo. Y otro expediente al que intentaremos quitarle el polvo.

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