“HOY POR HOY YA LLEVAMOS DOS AÑOS DE LOS CINCO PEORES AÑOS DE NUESTRAS VIDAS”
Crónicas del Este 08/04/2022 Nota Periodística
Enrique es escritor y conferencista uruguayo. Es reconocido internacionalmente por sus investigaciones para el desarrollo de la inteligencia y por su participación en el programa SuperCerebros, quedando finalista. Posee dos récords Guinness con dos marcas mundiales por haber memorizado un número de 320 cifras con una sola lectura, repitiéndolo en cualquier orden que se le pidiera y superando en 120 cifras la marca mundial anterior. En esta oportunidad charlamos sobre temas sociales y políticos…
“LA MEJOR ARMA DE LA DERECHA ES LA IGNORANCIA”
Te hiciste conocido (podríamos decir mediático) por tu programa para el desarrollo de la inteligencia, ingresaste el Libro de los Récords Guinness como una de las personas con mejor memoria del mundo, fuiste finalista en Supercerebros (NatGeo) y te han entrevistado los principales conductores de televisión, caso de Susana Giménez. Sin embargo, también te hemos visto totalmente comprometido con causas sociales y políticas en diversos países ¿Cómo fue eso?
Hace más de treinta años decidí involucrarme y participar, tratando de abrir cabezas, desde diferentes medios de comunicación. La República, CX30, RBC, LR21, canal 11... pero hubo un antes y un después cuando me integré a los equipos de Caras & Caretas y Andares Radio y TV. En 2002 Cruz del Sur me publicó dos libros: El Pozo de Pandora y Las Reglas de la Mafia. Ambos obtuvieron un Libro de Oro de la Cámara del Libro.
Conozco todo el país, pueblo por pueblo y pasto por pasto, lo que me pone en la obligación de transmitir las necesidades de la gente.
Ser demócrata implica un gran compromiso que no se lauda con ir a votar cada pocos años. Ser demócrata implica participar, controlar e informarse. La información no es sólo un derecho en una democracia; es una obligación de los ciudadanos. La mejor arma de la derecha es la ignorancia. Su mayor triunfo ha sido lograr que los explotados, los esquilmados, los desamparados, vean a sus verdugos como amigos y a sus defensores como un peligro. Pocas cosas son más perniciosas para una república como la ciudadanía apolítica; porque es la que lleva a que en una elección triunfe la ignorancia.
¿Este posicionamiento te ha llevado a tener alguna clase de inconvenientes en tu actividad cotidiana?
Ser de izquierda no implica solo una opción política; es una opción de vida, un modo de ser y sentir, o como decía el Ché Guevara, es que te duela en lo más profundo cualquier injusticia cometida contra cualquier persona en cualquier parte del mundo. Por eso me involucré en Colombia y Venezuela, porque no puedo ser pasivo ante la injusticia. ¿Inconvenientes? Y sí... Amenazas de muerte, amistades que se pierden, puertas que se cierran, difamaciones, calumnias... pero nadie, nunca, en ningún lugar, nos prometió que el camino de la revolución estaría alfombrado con rosas.
Si hubiera optado por la derecha, hubiera amasado fortunas, porque el poder sabe premiar a los obsecuentes; pero no pude, no puedo, porque no puedo concebir una verdadera democracia sin socialismo ni un auténtico socialismo sin democracia.
“SE CUMPLIÓ LA PROMESA DE SANGUINETTI DE “DESPLUMAR AL POLLO PLUMA POR PLUMA PARA QUE NO CHILLE TANTO”
Enrique, eres una persona que ha viajado mucho, que has visto distintas sociedades y en base a ello te preguntamos: ¿Cómo ves actualmente al Uruguay en el plano social y económico?
Uruguay es un país ideológicamente partido al medio. A una parte le interesan los derechos humanos y a la otra no. Eso quedó a la vista tanto cuando se puso a consideración la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado como con la LUC. Si analizamos la excelente votación que tuvo Cabildo Abierto en la elección nacional (aunque derrapó en las departamentales porque los civiles se han ido en desbandada) vemos que la derecha y ultraderecha representan un porcentaje demasiado alarmante para una sociedad civilizada. Sin embargo, el Partido Nacional no se queda atrás y vemos que senadores como Sebastián Da Silva y Graciela Bianchi (a quien considero inimputable) le disputan los votos a Manini Ríos bajo la hábil y maquiavélica anuencia de Lacalle Pou.
En lo económico, vivimos bajo una oligarquía, lo que implica concentración de la riqueza. El término “oligarquía” (del griego olígos, “pocos”, y arko, comandar) se refiere a una forma de gobierno en la cual el poder es ejercido por un grupo minoritario o a favor de un grupo reducido en perjuicio de la mayoría. Cuando un país tiene una clase gobernante rica y la inmensa mayoría de la población pobre, se entiende que está en manos de oligarcas.
La LUC lo deja en evidencia. Medio país ratificó una ley basada en el odio de clase, echa por los de arriba para proteger los intereses de los de arriba, que beneficia al propietario y perjudica al inquilino, que defiende al empresario y perjudica al trabajador, que facilita toda la tarea a quien lava dinero y a quien paga en negro evadiendo aportes al BPS, que da impunidad a los policías abusadores y deja en total indefensión a las víctimas.
En 2021 el sector agropecuario exportador tuvo récord histórico de exportaciones y a precios exorbitantes; sin embargo, les quitaron salario real a sus trabajadores y enviaron miles de millones de dólares para el extranjero. Se cumplió la promesa de Sanguinetti de “desplumar al pollo pluma por pluma para que no chille tanto”; pero no la de Lacalle Pou con respecto al “derrame” que producirían los “malla oro”, esos que se quejan cuando el Estado ayuda a la gente más necesitada, pero viven pidiendo exoneraciones, privilegios y beneficios de toda clase. Cuando los mercados internacionales se cierran por algún motivo, es el mercado interno que salva a los productores de alimentos; pero cuando aquellos se abren, les arrancan la cabeza a sus compatriotas con los precios. Algún día tendremos un presidente que les obligue a vender un porcentaje de sus productos en el país que les ayuda a producirlos. Cubierta la demanda interna, les ayudaremos con gusto a vender afuera todo lo que tengan.
¿En lo cultural encuentras que últimamente ha ganado la intolerancia entre la gente?
Sí. La violencia, verbal y física, se ha naturalizado. Cuando Lacalle Pou ganó la Presidencia también triunfó la filosofía de la intolerancia. Desde el gobierno se da manija a los policías violentos y todas las semanas vemos desbordes en los procedimientos; pero también se va multiplicando la violencia entre civiles y políticos. Bianchi, por ejemplo, llamando “hijo de puta” (y a sabiendas de que la filmaban) a un dirigente de Fucvam o investigando al estilo macartista a una docente que se atrevió a criticar al presidente... También es violencia el desalojo exprés, o que el presidente aumentara su salario y el de cargos de confianza mientras, en plena pandemia, bajaba los salarios a los trabajadores.
¿Qué opinión tienes sobre el uso de las redes sociales en el Uruguay?
La herramienta es genial. En cuanto al uso que se le da, a veces es para bien (como cuando se difunde el video de un abuso policial); pero a veces se actúa con impunidad y se usa para difamar gratuitamente. Es preocupante lo que hacen los dueños de tales redes. Por ejemplo, Facebook me castigó durante un mes por publicar una foto del batallón ucraniano Azov haciendo el saludo nazi y ostentando una bandera con la esvástica. Parece que ahora los nazis no son tan malos si luchan contra Rusia.
Facebook censura las informaciones que puedan perjudicar a Selensky. De hecho, está permitido (lo han comunicado oficialmente) desear por FB la muerte de Putin; pero no la de Selensky. En Uruguay, YouTube censuró un video subido por Gabriel Pereyra mostrando la violencia policial que el 5 de junio determinó la condena de un agente por agredir violentamente al conductor de una moto que se negaba a firmar una multa.
Twitter eliminó la cuenta de Donald Trump y también Bolsonaro ha sido bloqueado. Estoy en contra de ambos energúmenos; pero defiendo su libertad para expresarse. Estamos bajo una forma de tiranía diferente; así que no sé qué me preocupa más, si los que abusan difamando con la impunidad del anonimato o los que administran las redes.
Como sea, prefiero las redes a los medios clásicos de desinformación.
“DESDE QUE ASUMIÓ LACALLE POU NO HA PASADO NI UNA SOLA SEMANA EN QUE NO TENGAMOS QUE HABLAR DE UN HECHO DE CORRUPCIÓN”
¿Somos un país corrupto?
Por lo menos hasta 2019, Chile y Uruguay estaban considerados los países más cristalinos y de menor corrupción en toda América Latina y El Caribe; pero ya no merecemos ese honor. Obviamente que, si nos comparamos con países como Paraguay, Colombia o México, es fácil salir airosos, porque en el reino de los ciegos el tuerto es rey; pero desde que asumió Lacalle Pou no ha pasado ni una sola semana en que no tengamos que hablar de un hecho de corrupción, delitos, faltas, actos poco éticos o negociaciones con tufo a negociado, todo ello protagonizado por miembros de la coalición.
¿Qué vaticinas para los próximos años en nuestro país en materia de bienestar social?
Lacalle llegó a la Presidencia gracias al suprapoder y con la misión de eliminar uno a uno todos los avances sociales logrados por el Frente Amplio. Lo prometieron en campaña con todas las letras y están cumpliendo. Uruguay tuvo, hasta 2019 el Salario Mínimo Nacional más alto de América Latina y El Caribe. Esto, que debería ser motivo de orgullo, ha sido criticado por personajes como Sanguinetti y ya lo revirtieron. Hoy estamos cerca del quinto lugar. Si por ellos fuera, impondrían el neoliberalismo más salvaje y destruirían hasta el último vestigio del legado batllista; pero lo hacen con cuidado, de a poco, como prometió el sepulturero del Partido Colorado. Mientras tanto, le endulzan el oído a la Policía, porque la precisarán para reprimir cuando esto estalle.
Por todo eso buscan desprestigiar a los sindicatos, a la INDDHH, al Frente Amplio e, incluso, hasta las murgas. Por eso es que el zar de los medios públicos de desinformación es un personaje mercenario como Gerardo Sotelo.
La izquierda debe evitar caer en provocaciones y dedicarse a ejercer la docencia política y subsanar lo que es su gran falencia: la comunicación. Un día, en 2019, le dije a Tabaré que jamás, en todos los países en que he vivido, había visto a un gobierno tan poco dispuesto a transmitir sus logros como los gobiernos del Frente Amplio. Él me dijo que confiaba en la memoria del pueblo y que, a la hora de poner un sobre en la urna, ese pueblo recordaría todas las cosas buenas que se habían logrado.
Pues, el tiempo demostró dos cosas: la mala memoria de nuestro pueblo y que su tan mentada cultura cívica es un mito tan grande como el de la “garra charrúa”.
La culpa es nuestra. No ejercimos la docencia política, mientras la derecha sembraba odio y nos apedreaba el rancho. El resultado es éste. Uruguay ha dejado de ser un faro para el mundo.
Como sea, hay que levantarse y continuar. Tenemos que luchar por lograr un Uruguay más justo, por nuestros hijos y por los hijos de nuestros adversarios.
Quizá este retroceso nos venga bien, después de todo; para que cuando el Frente Amplio regrese al gobierno no cometa los mismos errores, y también para que el pueblo aprenda a valorar lo logrado.
Hoy por hoy, ya llevamos dos años de los cinco peores años de nuestras vidas.
Enrique es escritor y conferencista uruguayo. Es reconocido internacionalmente por sus investigaciones para el desarrollo de la inteligencia y por su participación en el programa SuperCerebros, quedando finalista. Posee dos récords Guinness con dos marcas mundiales por haber memorizado un número de 320 cifras con una sola lectura, repitiéndolo en cualquier orden que se le pidiera y superando en 120 cifras la marca mundial anterior. En esta oportunidad charlamos sobre temas sociales y políticos…
“LA MEJOR ARMA DE LA DERECHA ES LA IGNORANCIA”
Te hiciste conocido (podríamos decir mediático) por tu programa para el desarrollo de la inteligencia, ingresaste el Libro de los Récords Guinness como una de las personas con mejor memoria del mundo, fuiste finalista en Supercerebros (NatGeo) y te han entrevistado los principales conductores de televisión, caso de Susana Giménez. Sin embargo, también te hemos visto totalmente comprometido con causas sociales y políticas en diversos países ¿Cómo fue eso?
Hace más de treinta años decidí involucrarme y participar, tratando de abrir cabezas, desde diferentes medios de comunicación. La República, CX30, RBC, LR21, canal 11... pero hubo un antes y un después cuando me integré a los equipos de Caras & Caretas y Andares Radio y TV. En 2002 Cruz del Sur me publicó dos libros: El Pozo de Pandora y Las Reglas de la Mafia. Ambos obtuvieron un Libro de Oro de la Cámara del Libro.
Conozco todo el país, pueblo por pueblo y pasto por pasto, lo que me pone en la obligación de transmitir las necesidades de la gente.
Ser demócrata implica un gran compromiso que no se lauda con ir a votar cada pocos años. Ser demócrata implica participar, controlar e informarse. La información no es sólo un derecho en una democracia; es una obligación de los ciudadanos. La mejor arma de la derecha es la ignorancia. Su mayor triunfo ha sido lograr que los explotados, los esquilmados, los desamparados, vean a sus verdugos como amigos y a sus defensores como un peligro. Pocas cosas son más perniciosas para una república como la ciudadanía apolítica; porque es la que lleva a que en una elección triunfe la ignorancia.
¿Este posicionamiento te ha llevado a tener alguna clase de inconvenientes en tu actividad cotidiana?
Ser de izquierda no implica solo una opción política; es una opción de vida, un modo de ser y sentir, o como decía el Ché Guevara, es que te duela en lo más profundo cualquier injusticia cometida contra cualquier persona en cualquier parte del mundo. Por eso me involucré en Colombia y Venezuela, porque no puedo ser pasivo ante la injusticia. ¿Inconvenientes? Y sí... Amenazas de muerte, amistades que se pierden, puertas que se cierran, difamaciones, calumnias... pero nadie, nunca, en ningún lugar, nos prometió que el camino de la revolución estaría alfombrado con rosas.
Si hubiera optado por la derecha, hubiera amasado fortunas, porque el poder sabe premiar a los obsecuentes; pero no pude, no puedo, porque no puedo concebir una verdadera democracia sin socialismo ni un auténtico socialismo sin democracia.
“SE CUMPLIÓ LA PROMESA DE SANGUINETTI DE “DESPLUMAR AL POLLO PLUMA POR PLUMA PARA QUE NO CHILLE TANTO”
Enrique, eres una persona que ha viajado mucho, que has visto distintas sociedades y en base a ello te preguntamos: ¿Cómo ves actualmente al Uruguay en el plano social y económico?
Uruguay es un país ideológicamente partido al medio. A una parte le interesan los derechos humanos y a la otra no. Eso quedó a la vista tanto cuando se puso a consideración la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado como con la LUC. Si analizamos la excelente votación que tuvo Cabildo Abierto en la elección nacional (aunque derrapó en las departamentales porque los civiles se han ido en desbandada) vemos que la derecha y ultraderecha representan un porcentaje demasiado alarmante para una sociedad civilizada. Sin embargo, el Partido Nacional no se queda atrás y vemos que senadores como Sebastián Da Silva y Graciela Bianchi (a quien considero inimputable) le disputan los votos a Manini Ríos bajo la hábil y maquiavélica anuencia de Lacalle Pou.
En lo económico, vivimos bajo una oligarquía, lo que implica concentración de la riqueza. El término “oligarquía” (del griego olígos, “pocos”, y arko, comandar) se refiere a una forma de gobierno en la cual el poder es ejercido por un grupo minoritario o a favor de un grupo reducido en perjuicio de la mayoría. Cuando un país tiene una clase gobernante rica y la inmensa mayoría de la población pobre, se entiende que está en manos de oligarcas.
La LUC lo deja en evidencia. Medio país ratificó una ley basada en el odio de clase, echa por los de arriba para proteger los intereses de los de arriba, que beneficia al propietario y perjudica al inquilino, que defiende al empresario y perjudica al trabajador, que facilita toda la tarea a quien lava dinero y a quien paga en negro evadiendo aportes al BPS, que da impunidad a los policías abusadores y deja en total indefensión a las víctimas.
En 2021 el sector agropecuario exportador tuvo récord histórico de exportaciones y a precios exorbitantes; sin embargo, les quitaron salario real a sus trabajadores y enviaron miles de millones de dólares para el extranjero. Se cumplió la promesa de Sanguinetti de “desplumar al pollo pluma por pluma para que no chille tanto”; pero no la de Lacalle Pou con respecto al “derrame” que producirían los “malla oro”, esos que se quejan cuando el Estado ayuda a la gente más necesitada, pero viven pidiendo exoneraciones, privilegios y beneficios de toda clase. Cuando los mercados internacionales se cierran por algún motivo, es el mercado interno que salva a los productores de alimentos; pero cuando aquellos se abren, les arrancan la cabeza a sus compatriotas con los precios. Algún día tendremos un presidente que les obligue a vender un porcentaje de sus productos en el país que les ayuda a producirlos. Cubierta la demanda interna, les ayudaremos con gusto a vender afuera todo lo que tengan.
¿En lo cultural encuentras que últimamente ha ganado la intolerancia entre la gente?
Sí. La violencia, verbal y física, se ha naturalizado. Cuando Lacalle Pou ganó la Presidencia también triunfó la filosofía de la intolerancia. Desde el gobierno se da manija a los policías violentos y todas las semanas vemos desbordes en los procedimientos; pero también se va multiplicando la violencia entre civiles y políticos. Bianchi, por ejemplo, llamando “hijo de puta” (y a sabiendas de que la filmaban) a un dirigente de Fucvam o investigando al estilo macartista a una docente que se atrevió a criticar al presidente... También es violencia el desalojo exprés, o que el presidente aumentara su salario y el de cargos de confianza mientras, en plena pandemia, bajaba los salarios a los trabajadores.
¿Qué opinión tienes sobre el uso de las redes sociales en el Uruguay?
La herramienta es genial. En cuanto al uso que se le da, a veces es para bien (como cuando se difunde el video de un abuso policial); pero a veces se actúa con impunidad y se usa para difamar gratuitamente. Es preocupante lo que hacen los dueños de tales redes. Por ejemplo, Facebook me castigó durante un mes por publicar una foto del batallón ucraniano Azov haciendo el saludo nazi y ostentando una bandera con la esvástica. Parece que ahora los nazis no son tan malos si luchan contra Rusia.
Facebook censura las informaciones que puedan perjudicar a Selensky. De hecho, está permitido (lo han comunicado oficialmente) desear por FB la muerte de Putin; pero no la de Selensky. En Uruguay, YouTube censuró un video subido por Gabriel Pereyra mostrando la violencia policial que el 5 de junio determinó la condena de un agente por agredir violentamente al conductor de una moto que se negaba a firmar una multa.
Twitter eliminó la cuenta de Donald Trump y también Bolsonaro ha sido bloqueado. Estoy en contra de ambos energúmenos; pero defiendo su libertad para expresarse. Estamos bajo una forma de tiranía diferente; así que no sé qué me preocupa más, si los que abusan difamando con la impunidad del anonimato o los que administran las redes.
Como sea, prefiero las redes a los medios clásicos de desinformación.
“DESDE QUE ASUMIÓ LACALLE POU NO HA PASADO NI UNA SOLA SEMANA EN QUE NO TENGAMOS QUE HABLAR DE UN HECHO DE CORRUPCIÓN”
¿Somos un país corrupto?
Por lo menos hasta 2019, Chile y Uruguay estaban considerados los países más cristalinos y de menor corrupción en toda América Latina y El Caribe; pero ya no merecemos ese honor. Obviamente que, si nos comparamos con países como Paraguay, Colombia o México, es fácil salir airosos, porque en el reino de los ciegos el tuerto es rey; pero desde que asumió Lacalle Pou no ha pasado ni una sola semana en que no tengamos que hablar de un hecho de corrupción, delitos, faltas, actos poco éticos o negociaciones con tufo a negociado, todo ello protagonizado por miembros de la coalición.
¿Qué vaticinas para los próximos años en nuestro país en materia de bienestar social?
Lacalle llegó a la Presidencia gracias al suprapoder y con la misión de eliminar uno a uno todos los avances sociales logrados por el Frente Amplio. Lo prometieron en campaña con todas las letras y están cumpliendo. Uruguay tuvo, hasta 2019 el Salario Mínimo Nacional más alto de América Latina y El Caribe. Esto, que debería ser motivo de orgullo, ha sido criticado por personajes como Sanguinetti y ya lo revirtieron. Hoy estamos cerca del quinto lugar. Si por ellos fuera, impondrían el neoliberalismo más salvaje y destruirían hasta el último vestigio del legado batllista; pero lo hacen con cuidado, de a poco, como prometió el sepulturero del Partido Colorado. Mientras tanto, le endulzan el oído a la Policía, porque la precisarán para reprimir cuando esto estalle.
Por todo eso buscan desprestigiar a los sindicatos, a la INDDHH, al Frente Amplio e, incluso, hasta las murgas. Por eso es que el zar de los medios públicos de desinformación es un personaje mercenario como Gerardo Sotelo.
La izquierda debe evitar caer en provocaciones y dedicarse a ejercer la docencia política y subsanar lo que es su gran falencia: la comunicación. Un día, en 2019, le dije a Tabaré que jamás, en todos los países en que he vivido, había visto a un gobierno tan poco dispuesto a transmitir sus logros como los gobiernos del Frente Amplio. Él me dijo que confiaba en la memoria del pueblo y que, a la hora de poner un sobre en la urna, ese pueblo recordaría todas las cosas buenas que se habían logrado.
Pues, el tiempo demostró dos cosas: la mala memoria de nuestro pueblo y que su tan mentada cultura cívica es un mito tan grande como el de la “garra charrúa”.
La culpa es nuestra. No ejercimos la docencia política, mientras la derecha sembraba odio y nos apedreaba el rancho. El resultado es éste. Uruguay ha dejado de ser un faro para el mundo.
Como sea, hay que levantarse y continuar. Tenemos que luchar por lograr un Uruguay más justo, por nuestros hijos y por los hijos de nuestros adversarios.
Quizá este retroceso nos venga bien, después de todo; para que cuando el Frente Amplio regrese al gobierno no cometa los mismos errores, y también para que el pueblo aprenda a valorar lo logrado.
Hoy por hoy, ya llevamos dos años de los cinco peores años de nuestras vidas.
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