LA ÉTICA EN LA POLÍTICA
Crónicas del Este 11/09/2017 Política
Por Sergio Secinaro
Sinceramente la sociedad moderna cada día nos llena de asombro un poco más. Confieso que no sé si será por “el consumismo que nos consume”, pero todos los días o quizás porque las mentalidades de las personas componentes de la sociedad, hoy en día han variado 180 grados, ya a nadie le importa más nada que “el tener” y “el obtener” de cualquier forma y de cualquier modo.
Parece que en esta sociedad que estamos viviendo, tipo cambalache, como decía al tango, cualquiera es un señor y cualquier es un ladrón.
Hoy más que nunca, vemos en el mundo entero casos de corrupción política, de personas que tienen el altísimo honor de ocupar cargos, de los cuales se tendrían que sentir orgullosos y por los cuales las personas debían se deberían de sentir totalmente plenos, porque la política debe de ser una herramienta para servir a la sociedad y quién debe de ejercer la misma en cargos públicos, tiene que tener un ingrediente imprescindible, que se llama vocación de servicio. Ese valor importantísimo e inconmensurable, que es la confianza que el pueblo le deposita al gobernante, debe de ser respetada por parte del mismo, mirando siempre y teniendo como objetivo, los fines altruistas, el hacer el bien social, el luchar por una igualdad de oportunidades, el desterrar la marginación y ser un poco el escudo de los débiles, como dijo un ex Presidente uruguayo hace ya muchísimos años.
Sin embargo, por todo el mundo se ven acciones de seres ruines, que llegan al poder y en vez de sentirse totalmente obligados con el pueblo que los puso en ese lugar, se olvidan de todo y se dedican simplemente a la corrupción o para decirlo crudamente: a robar.
Esos despreciables sujetos, no tienen códigos éticos y no tienen moral, son más despreciables aún, que un delincuente que sale a robarle la cartera a una mujer en una feria. Y digo esto, porque quizás aquel sujeto que salga a robar a cara descubierta, haya pasado por una infancia muy dura, marginal y quizás no haya tenido el amor y la educación correspondiente. No es el caso de estas personas, que se incrustan en el poder. Estos otros personajes que llegan a la política y no les importa nada, simplemente andan por la vida para enriquecerse y para dejar acomodados a sus parientes más cercanos; ellos, son mucho más perjudiciales que aquel ladrón de viejitas de la feria.
Estos son los verdaderos culpables de las hecatombes económicas, estos son los verdaderos culpables de las injusticias sociales más crudas y son los promotores de los colapsos financieros que arrastran a miles de familias a la miseria, al ostracismo y también en muchísimos casos, al suicidio.
Contra esta clase de personas, todos los partidos sin excepción deben de luchar, porque nadie tiene el antídoto contra ese mal que se llama corrupción y que lo que hace, es quebrar el buen juicio del gobernante y llenar de podredumbre la confianza depositada por el pueblo en su mandato.
En nuestro país no hay una clara legislación para combatir la corrupción. Esto es algo indiscutible, nos hace falta mayores herramientas para hacer que ese mal desaparezca y que ni siquiera germine.
Evidentemente que los tiempos han cambiado y mucho, el honor de las personas no se compra, ni se vende; pero hay personas que no tienen honor y se venden al precio vil del materialismo, sin importarle otra cosa, que obtener un rédito económico a sus acciones en el manejo de un gobierno.
Por eso pienso, que los políticos pueden tener diferencias en muchas cosas, ya sea en el plano político, en el plano económico, en el plano social; pero en lo cual es imprescindible no tener diferencias, es en el plano de la honestidad, la moral y la ética.
Al verdadero político de vocación, no le debe de temblar la mano cuando tiene que juzgar duramente a un correligionario corrupto, por más amigo y por más que comparta las mismas ideas y pertenezca al mismo partido; porque hay que tener siempre muy presente, que los corruptos no tienen partido, sólo tienen intereses económicos…
Siempre pongo de ejemplo la moral de antaño, cuando los gobernantes, los dirigentes de fútbol, los capitanes de barcos, morían abrasados a sus ideales y empezaban su periplo, ricos y muchas veces, terminaban pobres.
Hoy lamentablemente estamos viviendo épocas donde se demuestra todo lo contrario, muchos se meten en la política “para salvarse”, para acomodar a su familia, para beneficiar a sus amigos y simplemente, para enriquecerse. Poco les importa que su nombre pueda terminar por el piso; poco les importa que hayan traicionado la ilusión de quien depositó su voto en ellos.
Igualmente como la Historia todo lo pone en su lugar, cuando esos gobernantes corruptos pasen, sólo quedará detrás de ellos, cenizas, que las volará el tiempo. Sin embargo cuando pasan los políticos honestos e idealistas, ellos quedan en el recuerdo imborrable de sus pueblos y créanme señores, que para quien practica la política por ideales, no debe de existir mayor honor que eso…
Por Sergio Secinaro
Sinceramente la sociedad moderna cada día nos llena de asombro un poco más. Confieso que no sé si será por “el consumismo que nos consume”, pero todos los días o quizás porque las mentalidades de las personas componentes de la sociedad, hoy en día han variado 180 grados, ya a nadie le importa más nada que “el tener” y “el obtener” de cualquier forma y de cualquier modo. Parece que en esta sociedad que estamos viviendo, tipo cambalache, como decía al tango, cualquiera es un señor y cualquier es un ladrón. Hoy más que nunca, vemos en el mundo entero casos de corrupción política, de personas que tienen el altísimo honor de ocupar cargos, de los cuales se tendrían que sentir orgullosos y por los cuales las personas debían se deberían de sentir totalmente plenos, porque la política debe de ser una herramienta para servir a la sociedad y quién debe de ejercer la misma en cargos públicos, tiene que tener un ingrediente imprescindible, que se llama vocación de servicio. Ese valor importantísimo e inconmensurable, que es la confianza que el pueblo le deposita al gobernante, debe de ser respetada por parte del mismo, mirando siempre y teniendo como objetivo, los fines altruistas, el hacer el bien social, el luchar por una igualdad de oportunidades, el desterrar la marginación y ser un poco el escudo de los débiles, como dijo un ex Presidente uruguayo hace ya muchísimos años. Sin embargo, por todo el mundo se ven acciones de seres ruines, que llegan al poder y en vez de sentirse totalmente obligados con el pueblo que los puso en ese lugar, se olvidan de todo y se dedican simplemente a la corrupción o para decirlo crudamente: a robar. Esos despreciables sujetos, no tienen códigos éticos y no tienen moral, son más despreciables aún, que un delincuente que sale a robarle la cartera a una mujer en una feria. Y digo esto, porque quizás aquel sujeto que salga a robar a cara descubierta, haya pasado por una infancia muy dura, marginal y quizás no haya tenido el amor y la educación correspondiente. No es el caso de estas personas, que se incrustan en el poder. Estos otros personajes que llegan a la política y no les importa nada, simplemente andan por la vida para enriquecerse y para dejar acomodados a sus parientes más cercanos; ellos, son mucho más perjudiciales que aquel ladrón de viejitas de la feria. Estos son los verdaderos culpables de las hecatombes económicas, estos son los verdaderos culpables de las injusticias sociales más crudas y son los promotores de los colapsos financieros que arrastran a miles de familias a la miseria, al ostracismo y también en muchísimos casos, al suicidio. Contra esta clase de personas, todos los partidos sin excepción deben de luchar, porque nadie tiene el antídoto contra ese mal que se llama corrupción y que lo que hace, es quebrar el buen juicio del gobernante y llenar de podredumbre la confianza depositada por el pueblo en su mandato. En nuestro país no hay una clara legislación para combatir la corrupción. Esto es algo indiscutible, nos hace falta mayores herramientas para hacer que ese mal desaparezca y que ni siquiera germine. Evidentemente que los tiempos han cambiado y mucho, el honor de las personas no se compra, ni se vende; pero hay personas que no tienen honor y se venden al precio vil del materialismo, sin importarle otra cosa, que obtener un rédito económico a sus acciones en el manejo de un gobierno. Por eso pienso, que los políticos pueden tener diferencias en muchas cosas, ya sea en el plano político, en el plano económico, en el plano social; pero en lo cual es imprescindible no tener diferencias, es en el plano de la honestidad, la moral y la ética. Al verdadero político de vocación, no le debe de temblar la mano cuando tiene que juzgar duramente a un correligionario corrupto, por más amigo y por más que comparta las mismas ideas y pertenezca al mismo partido; porque hay que tener siempre muy presente, que los corruptos no tienen partido, sólo tienen intereses económicos… Siempre pongo de ejemplo la moral de antaño, cuando los gobernantes, los dirigentes de fútbol, los capitanes de barcos, morían abrasados a sus ideales y empezaban su periplo, ricos y muchas veces, terminaban pobres. Hoy lamentablemente estamos viviendo épocas donde se demuestra todo lo contrario, muchos se meten en la política “para salvarse”, para acomodar a su familia, para beneficiar a sus amigos y simplemente, para enriquecerse. Poco les importa que su nombre pueda terminar por el piso; poco les importa que hayan traicionado la ilusión de quien depositó su voto en ellos. Igualmente como la Historia todo lo pone en su lugar, cuando esos gobernantes corruptos pasen, sólo quedará detrás de ellos, cenizas, que las volará el tiempo. Sin embargo cuando pasan los políticos honestos e idealistas, ellos quedan en el recuerdo imborrable de sus pueblos y créanme señores, que para quien practica la política por ideales, no debe de existir mayor honor que eso…
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