LEDA SÁNCHEZ: “EL CONOCIMIENTO ES SOBERANÍA”
Crónicas del Este 30/08/2026 Política
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En esta entrevista con Crónicas del Este, la geóloga Leda Sánchez recorre un camino que comienza en el estudio de las rocas y el paleomagnetismo y llega hasta la creación y desarrollo de la red sismológica nacional. Habla de los terremotos registrados en Uruguay, de las fallas geológicas, de los riesgos asociados a grandes obras como la represa de Casupá y de la necesidad de contar con una adecuada normativa constructiva.

—Para empezar por lo más básico: ¿qué estudia la geología?

—La geología intenta descifrar la historia de una roca. Cómo llegó hasta ahí, cómo se formó, cuál es su génesis. Tiene una cosa bastante detectivesca. Y eso es lo que finalmente atrapa.También puede ser frustrante, porque a veces no tenés todos los datos ni toda la información necesaria para resolver el origen de determinadas unidades geológicas. Pero justamente eso también es lo apasionante.Dentro de la geología hay distintas ramas. Hay gente a la que le gusta la hidrogeología, la paleontología, el estudio de los fósiles, y a mí particularmente me gustan las rocas.Yo hice mi doctorado en tectónica de placas, estudiando la evolución tectónica de una región que va desde Piriápolis, Polanco, Sierra de Ánimas hasta Sierra Ballena. Esa era mi área de tesis.Cuando empecé el doctorado descubrí el paleomagnetismo, que es el estudio del magnetismo fósil.Cuando sale un volcán, por ejemplo, sale la lava y después esa lava cristaliza y forma minerales. Algunos de esos minerales son magnéticos y contienen magnetita. Cuando la lava se enfría, esas magnetitas quedan orientadas de acuerdo con la dirección del campo magnético terrestre. Esa información queda registrada en la roca.Entonces, estudiando ese magnetismo fósil, podemos obtener información sobre dónde estaba esa roca en el pasado.

—Explicado para quienes no somos geólogos: ¿qué información permite obtener una roca que conserva ese magnetismo?

—Permite determinar la paleolatitud en la cual se formó ese bloque. Vos tenés la posición actual donde encontraste la roca y, a través del registro magnético, podés determinar dónde estaba cuando se formó.Eso permite saber si un bloque cortical, un cratón o una determinada unidad geológica se desplazó, cuánto se desplazó y cuál era la posición que ocupaba en el pasado.También podemos obtener información sobre la intensidad del campo magnético terrestre en determinados momentos.Sabemos que la intensidad del campo magnético ha cambiado a través del tiempo y que el campo también se invierte. Es decir, lo que de una manera muy sencilla podríamos decir que estaba orientado hacia el norte pasa a estar orientado hacia el sur, y eso ha ocurrido muchas veces durante la historia geológica.A mí me fascinó todo eso.

—Y cuando volviste a Uruguay empezaste a trabajar sobre estas cuestiones, pero apareció una preocupación que terminaría llevándote directamente al estudio de los terremotos.

—Exactamente. Cuando volví a Uruguay seguí trabajando en las unidades geológicas que había estudiado. Pero hay una historia que siempre cuento.En enero de 2010 ocurrió el terremoto de Haití. Yo había tenido un profesor de geofísica, Alberto Benavides, que nos había hablado de la historia sísmica del Uruguay. Esas cosas quedan en la cabeza.Cuando ocurrió el terremoto de Haití empecé a pensar: ¿qué pasaría si en Uruguay ocurriera un terremoto de las magnitudes que han sido estimadas históricamente?Y ahí apareció otra realidad: Uruguay era prácticamente el único país de la región que no tenía una red sismológica propia.Entonces me puse en campaña.

—¿Fue así como comenzó el desarrollo de la red sismológica uruguaya?

—Sí. Paralelamente a las otras cosas que hacía, empecé a trabajar en eso.Además, por mi trabajo con el paleomagnetismo y el estudio del campo magnético terrestre —el geomagnetismo— pensé que también podíamos instalar un observatorio geofísico en Aiguá.En 2012 instalamos allí los magnetómetros para controlar las perturbaciones del campo magnético. Uruguay, además, está ubicado dentro de la denominada Anomalía Magnética del Atlántico Sur, así que teníamos dos líneas de trabajo muy interesantes.En 2013 conseguimos, mediante un convenio académico con la Universidad de San Pablo, que nos prestaran un sismómetro durante dos años. Lo instalamos también en Aiguá.Y ahí empezó otra etapa: tuvimos que aprender sismología prácticamente desde cero.

—¿No tenían formación específica en sismología?

—No. Teníamos formación en geología y geofísica, pero no éramos sismólogos. Entonces tuvimos que aprender.Tuvimos alumnos que se entusiasmaron con el tema y también vino un colega mexicano, un sismólogo, que nos enseñó muchísimo. Fue aprender muchas cosas de manera autodidacta: leer, leer y leer, revisar antecedentes y tratar de entender cómo era realmente la sismicidad en Uruguay.El equipo que nos habían prestado tuvimos que devolverlo en 2015. Pero entre 2013 y 2015, a través del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas, conseguimos financiamiento para el 80% de un sismómetro.Hoy puedo decir que buena parte de nuestra red sismológica nacional, con equipos de bajo costo, está financiada por el Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas.

—¿Cuántas estaciones tiene actualmente Uruguay?

—Tenemos 28 estaciones sismológicas distribuidas a lo largo y ancho del país. Y necesitamos seguir densificando algunas zonas.También tengo que reconocer que hoy podemos tener conectividad y acceso a los datos de las estaciones gracias a una gestión que hizo en su momento Fernando Traversa, cuando era director del Sistema Nacional de Emergencias. Para nosotros hubo un antes y un después en ese sentido.

—¿Por qué fue tan importante tener una red propia?

—Porque antes, cuando ocurrió el terremoto de Punta de Sayago, por ejemplo, para obtener los datos de nuestras estaciones teníamos que ir físicamente a cada uno de los lugares donde estaban instaladas.Hoy podemos recibir la información prácticamente en tiempo real.

—¿Cuándo fue el terremoto de Punta de Sayago?

—Fue en marzo de 2016.

—Existe una idea muy instalada entre los uruguayos de que en Uruguay no hay terremotos. ¿Es falsa?

—Sí. Es una idea que incluso me costó muchísimo trabajo que Primaria sacara de sus materiales educativos.

—¿Tuviste que pelear para que se cambiara?

—Sí. Porque existía esa idea de que “Uruguay no tiene terremotos”. Y cuando vos planteás lo contrario, te dicen: “¿Cómo va a haber terremotos en Uruguay?”.Pero hay eventos sísmicos registrados. El primer evento sísmico instrumental de Uruguay fue registrado por la red sismológica de Brasil, en San Pablo.Tenemos además antecedentes históricos que muestran que sí hubo terremotos importantes.Lo que tenemos que entender es que Uruguay está en una región intracontinental, alejada de los grandes bordes activos de las placas tectónicas. Eso no significa que no tengamos sismicidad.

—¿Cuál fue el sismo más fuerte registrado recientemente?

—El de Montecoral, en el departamento de Florida, el 8 de mayo de 2021.Después tuvimos, entre otros, el de Atlántida.En el caso de Las Piedras encontramos una vivienda con fisuras y grietas, además de rajaduras en la planchada. También hay reportes de objetos que cayeron, como copas y vasos, que es lo que suele ocurrir cuando hay movimientos del suelo.

—¿Por qué se producen los terremotos?

—La Tierra está constituida por muchas placas tectónicas. Las más conocidas son la del Pacífico, la de Nazca, la Sudamericana, la Africana y otras.Todas esas placas se mueven.En algunos lugares tenemos subducción, donde la corteza oceánica se mete por debajo de la corteza continental. En esos límites se producen grandes terremotos, como los de Chile, Japón, México y otros países ubicados en el denominado Cinturón de Fuego del Pacífico.También existen zonas donde las placas se separan y se genera nueva corteza, como ocurre en las dorsales oceánicas.Y tenemos zonas donde las placas se desplazan horizontalmente una respecto de la otra, generando otro tipo de sismicidad.

—Pero nosotros estamos lejos de esos grandes bordes. ¿Por qué tiembla Uruguay?

—Porque estamos dentro de la placa Sudamericana y las placas no son bloques perfectamente homogéneos.La placa Sudamericana es una amalgama de diferentes bloques corticales que no necesariamente responden de la misma manera a los movimientos.Las placas se desplazan y dentro de ellas se acumulan esfuerzos. Cuando ese estrés supera determinado umbral, la roca se rompe.Esa ruptura es el terremoto: una liberación súbita de energía.

—¿Uruguay está entonces sobre la placa Sudamericana?

—Sí, Uruguay está sobre la placa Sudamericana.

—¿Los terremotos también pueden producir tsunamis?

—Sí, aunque no todos.Generalmente los tsunamis están asociados a terremotos que producen desplazamientos importantes del fondo marino. Pero un terremoto ocurrido mar adentro no necesariamente genera un tsunami.También existen fenómenos llamados seiches, que son oscilaciones de masas de agua y pueden producirse en determinados cuerpos de agua.Tenemos un antecedente muy interesante en el Río de la Plata en 1888, y suponemos que algo similar pudo haber ocurrido en 1542. Es uno de los registros históricos más antiguos que tenemos.El grupo de Gonzalo de Mendoza, que venía desde Buenos Aires, habría observado cómo las barrancas del lado uruguayo, en la desembocadura del río San Juan, se movían y “se doblaban”, según la descripción histórica.A partir de esa descripción y de otros datos, estimamos que pudo haber tenido una magnitud superior a 6,3.

—¿Y el de 1888?

—Ese fue probablemente el terremoto histórico más fuerte del que tenemos referencia instrumental indirecta. Se estima una magnitud de alrededor de 5,5 a partir de las intensidades y de los testimonios disponibles.

—Hay otra idea que circula mucho en redes sociales: que los terremotos pueden provocarse artificialmente y que la actual actividad sísmica mundial podría ser consecuencia de eso. ¿Qué hay de cierto?

—Tenemos que separar las cosas.Los eventos sísmicos pueden ser naturales o artificiales.Los artificiales pueden estar relacionados con voladuras de canteras, explosiones controladas o, en otro nivel completamente diferente, explosiones nucleares.De hecho, el desarrollo de la sismología moderna tuvo un enorme impulso durante la Guerra Fría, cuando se comenzaron a instalar estaciones en diferentes partes del mundo para detectar explosiones nucleares y controlar el cumplimiento de los acuerdos de no proliferación.Eso, además, permitió avanzar muchísimo en el conocimiento de la estructura interna de la Tierra.

—Entonces, ¿hay más terremotos hoy que antes?

—No necesariamente. Lo que tenemos es mucho más equipamiento para detectarlos.A medida que los países fueron instalando estaciones sismológicas, empezamos a registrar eventos que antes simplemente no podíamos detectar.Por ejemplo, existe un promedio mundial de aproximadamente uno o dos terremotos por año de magnitud superior a 7, aunque eso es justamente un promedio. Puede haber años con ninguno y otros con varios.Este año llevamos 11 eventos de magnitud superior a 7, pero eso no significa necesariamente que estemos frente a una situación extraordinaria.

—¿Por qué un terremoto de determinada magnitud puede provocar mucho daño en un lugar y prácticamente nada en otro?

—Hay varios factores: La profundidad es fundamental. No es lo mismo un terremoto de magnitud 3 ocurrido a 80 kilómetros de profundidad que uno de magnitud 2 ocurrido a pocos kilómetros de la superficie.También influye el tipo de roca y cómo se transmiten las ondas sísmicas. Algunas condiciones del terreno pueden amplificar el movimiento.Por eso no podemos analizar únicamente la magnitud. Hay que considerar profundidad, distancia al epicentro, tipo de suelo, características de las construcciones y densidad de población.Tenemos que entender que es fundamental contar con una normativa constructiva adecuada.Vos no sabés cuándo se va a repetir un evento como el de 1888 o el de 1848. No podemos decir que como hace mucho tiempo que no ocurre un terremoto importante, no va a volver a ocurrir.

—¿Cómo estamos preparados en Uruguay?

—Tenemos que seguir trabajando. Tenemos 28 estaciones, pero necesitamos densificar algunas zonas, mejorar equipamiento y contar con recursos humanos.Nuestros equipos son de bajo costo. No tienen la misma robustez ni la misma sensibilidad que los equipos profesionales de mayor precio.Pero no me quejo. A veces sí me quejo de las lluvias, los rayos y las centellas que nos queman los equipos.

—¿Y el Estado acompaña ese trabajo?

—Sigo luchando por eso.No es que no exista ningún interés. Hay iniciativas concretas.Por ejemplo, entre noviembre y diciembre del año pasado se comunicó conmigo el ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, para plantearme la posibilidad de realizar un proyecto de monitoreo sísmico en la región donde se proyecta la presa de Casupá.Ya se firmó el convenio marco y estamos esperando la firma del convenio específico entre la Facultad de Ciencias, el Observatorio y el Ministerio de Ambiente.

—¿Qué se busca estudiar en Casupá?

—Queremos establecer una línea de base de la sismicidad.Es decir, conocer cómo se comporta sísmicamente la región antes de que comience la obra y durante la etapa de llenado del embalse.Porque existe evidencia en diferentes lugares del mundo y también en la región de que la carga de agua de un embalse puede gatillar sismicidad.

—¿Por el peso del agua?

—Puede ser por el peso de la carga y por los cambios que produce sobre las estructuras geológicas.Además, estamos cerca de una zona denominada zona de Sarandí del Yí, una gran estructura geológica que se extiende desde Piriápolis y continúa hacia el norte.Tenemos fallas en nuestro territorio.

—¿Y esa estructura tiene relación con los terremotos que hemos registrado?

—Sí. Hemos localizado una parte importante de nuestra sismicidad histórica e instrumental vinculada a esa estructura.Después de 2021 tuvimos varios eventos en Florida. También hemos localizado eventos cercanos a Villa Rosario, Gaetán y Palermo.Por eso es importante conocer qué ocurre antes de una obra como la presa y qué sucede durante el proceso de carga.

—Hablemos de tu otra gran área de trabajo: la minería. En 2014 y 2015 ocupaste un cargo en el Ministerio de Industria.

—Sí. Fui directora nacional de Minería y Geología, en DINAMIGE.

—Y renunciaste. ¿Fue por desavenencias con la entonces ministra Carolina Cosse?

—Sí.

—¿Qué ocurrió?

—No me sentí apoyada. En absoluto.Yo soy muy rígida en determinadas cosas: si existe un Código de Minería, hay que respetarlo.Cuando vos querés hacer las cosas bien y que se respete la normativa, aparecen cuestiones políticas, jurídicas y de otro tipo. Yo siempre fui por el lado jurídico y técnico.Y bueno, obviamente, los mineros no me querían demasiado.

—¿La minería es un tema estratégico para Uruguay?

—Es estratégica.Hoy la minería más importante que tenemos en volumen es la de áridos. Con esos materiales se construyen casas, edificios, carreteras y prácticamente todo lo que necesita la infraestructura del país.Por eso la gestión de los materiales y el control de su explotación son fundamentales.

—¿Existe minería ilegal en Uruguay?

—Sí. El otro día alguien dijo en una clase que no había minería ilegal en Uruguay y yo dije: que me llame, que le cuento.Si alguien realiza una explotación o una voladura sin la autorización correspondiente, está incumpliendo el Código de Minería. Eso hay que catalogarlo como minería ilegal.

—¿El Estado controla adecuadamente?

—DINAMIGE controla hasta donde le da el cuero y ese es el problema.Se habla mucho de que en Uruguay hay exceso de funcionarios públicos. Quizás en determinados lugares sea así, pero en otros no.A DINAMIGE le faltan técnicos y, particularmente, le faltan inspectores.Uruguay tiene muchísimos emprendimientos mineros. En Artigas hay una enorme actividad relacionada con la extracción de minerales y también tenemos una gran cantidad de extracción de áridos.Los recursos humanos y materiales no alcanzan.

—¿Entonces el problema también es de recursos?

—Sí. DINAMIGE siempre fue un poco el último orejón del tarro.Cuando fui directora lo sentí y no debería ser así, porque estamos hablando del control de nuestros recursos naturales.Y hay algo que siempre digo, aunque sé que a algunas personas les molesta: quienes realmente entendieron que los recursos minerales y geológicos eran estratégicos para Uruguay fueron los militares. Ellos invirtieron muchísimo en conocimiento.Hubo misiones alemanas, misiones francesas, trabajos de caracterización de nuestras unidades geológicas, exploraciones de oro y de otros recursos que podían ser de interés nacional.Después eso se perdió y es una pena, porque los recursos naturales son estratégicos.No es lo mismo obtener arena en San José que tener que traerla desde 500 kilómetros de distancia. Eso tiene consecuencias económicas, logísticas y ambientales.

—¿Por qué te alejaste de la minería?

—Porque me genera impotencia.Tenés muchas veces la solución en la mano, sabés qué habría que hacer, pero no tenés los recursos humanos ni materiales para poder gestionarlo.Y la obligación de un servicio geológico como DINAMIGE no es solamente controlar. También tiene que generar conocimiento.Si no tenés gente, no generás conocimiento y el conocimiento es soberanía.

—¿Te queda alguna satisfacción de todo este trabajo?

—Sí, muchísima.Hoy, por ejemplo, fui a la UTU de Solymar y me emociona cómo te reciben los gurises.Son nuestras semillas.Que haya más gente que estudie estas cosas es fundamental. Porque el conocimiento permite comprender y también preservar nuestros recursos y hay otra cosa que siempre digo: no es solamente el terremoto lo que mata.En Colombia, Venezuela o Turquía, muchas veces los daños y las muertes tienen que ver con la calidad de las construcciones, la falta de controles y las decisiones que se toman antes de que ocurra el desastre.Por eso tenemos que transmitir todo lo que sabemos.Porque el día de mañana puede ocurrir algo y nosotros tenemos que haber hecho todo lo posible para estar preparados.

—Leda, muchísimas gracias.

—Gracias a ustedes. Para mí también es un gusto hablar de estos temas y, sobre todo, poder transmitirlos.

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