MARTÍN DEL CAMPO:
“YO SIEMPRE LO DIGO: EL EQUIPO DEL 98 SUPO SER UNA GENERACIÓN DORADA EN NACIONAL”
Crónicas del Este 04/06/2021 Deporte
Martín Del Campo se inició en Wanderers y luego pasó a jugar a Nacional, donde por esos años estaba Hugo De León de DT y esa generación consiguió cortar el sexenio de su tradicional rival y sentó las bases para un nuevo club, desde todo punto de vista.
En esta entrevista, nos cuenta sus vivencias y viajamos a un pasado muy diferente al fútbol actual con todos sus componentes.
“DEBUTÉ DE LA MANO DEL “BEBE” CASTELNOBLE”
¿Cuáles son tus orígenes Martín? ¿Dónde comenzaste a jugar al fútbol?
Martín – Nací en Pueblo Victoria, La Teja, en unos departamentos pegados a la sede de Uruguay Montevideo, allí me crié. Luego, cuando empiezo a dar mis primeros pasos en el fútbol, lo hice en un club de baby fútbol que quedaba a unas cuadras, que se llamaba Cádiz Real Junior. Dije se llamaba, porque ya no existe más. Estamos hablando del año 1985 y el club era muy conocido porque allí jugó, entre otras figuras, Enzo Francescoli.
Después formé parte de la selección de la liga La Teja-Capurro…
¿De qué jugabas cuando eras chico?
Martín – Mediocampista. Número 5. Y como la liga tenía un convenio con los equipos del Prado, terminé yendo a Wanderers. Pasé un filtro con dos scout y ya me integré a séptima división y pasé por todas las divisiones formativas, hasta debutar en primera división en el año 1995.
¿Te acuerdas del debut en Primera?
Martín – Lo que te puedo decir, es que mientras jugué en formativas y compartí el plantel con jugadores que luego llegaron a triunfar, como Diego Alonso, Walter Pandiani, que tampoco jugaban en las posiciones en las cuales después terminaron triunfando, porque Pandiani jugaba como volante derecho y el “Tornado” Alonso jugaba como enganche.
Debuté de la mano del “Bebe” Castelnoble, un hombre muy querido por la gente de Wanderers y en esa época teníamos como Capitán al “Chifle” Barrios, como delantero a Juan Ravera, como número 10 a Walter Pelletti. La zaga la integraba Fabián Coito, que hoy es el DT de la selección de Honduras, Mauricio Vigo era el arquero. También tuve la posibilidad de jugar con Montelongo y el propio Daniel Carreño.
“MI AVENTURA COMO LATERAL EMPEZÓ 1998 CUANDO ME COMPRA NACIONAL”
¿De qué jugabas en Wanderers?
Martín – Siempre de volante derecho y en ese puesto debuté; pero como era un tipo, que tenía como cualidad importante la velocidad, buenos pulmones para hacer la banda, hubo un primer período que me corrieron por afuera, como una especie de puntero derecho y también jugué como extremo izquierdo. Jugué por las dos bandas.
¿Y cómo fue tu pasaje a la banda como lateral?
Martín – Mi aventura como lateral empezó 1998, cuando me compra Nacional.
¿Eras hincha de Nacional? No nos hagas versos…
Martín – En realidad mi familia estaba polarizada y sacando a mi hermano, todo el resto son hinchas de Nacional y yo en aquella época, simpatizaba, pero no tenía un gran sentido de pertenencia con Nacional. Pero el año 1998 transcurrió de dos maneras: tuve un técnico que me dejó mucho, Luis Garisto y él me puso como extremo derecho y tuve la suerte, que en ese primer semestre, hice 7 goles y por eso me lleva Nacional en Julio del 98, como extremo derecho. Y yo llego a ese Nacional, que ya había salido campeón del torneo Apertura de la mano de Hugo de León y sabía que era difícil que pudiera jugar, porque cuando uno llega a un equipo que es campeón, sabe que tiene que esperar su turno. Y las cosas que tiene el destino, 10 días antes de debutar en el torneo Clausura, Jorgeao, que era el zaguero titular, una semana en que llovió mucho, tuvimos que entrenar en un gimnasio cerrado y se cayó y se fracturó la muñeca y no me olvido más, Hugo de León me preguntó si yo le podía dar una mano como lateral, si bien yo nunca había jugado allí Y yo con tal de jugar, le dije que sí y si me preguntaban si quería jugar de golero, también le decía que sí.
¿Nunca habías jugado de lateral?
Martín – No, nunca había jugado. Pero tampoco podía ser tan difícil, me tenía que correr 10 metros más para atrás. Yo nunca fui un tipo que me caractericé por la marca, jamás. Entonces eso lo complementaba tratando de estar bien posicionado, tratando de estar siempre bien aplicado a la línea defensiva y con eso disimulaba la falta de marca.
Así empecé mi aventura por el lateral y la prensa decía que lo hacía bien, tenía como cualidades, que era muy rápido, que me gustaba pasar permanentemente al ataque; era un volante más a pesar de que jugaba de lateral y como era aplicado, disimulaba todas las desventajas que podía tener en materia de marca. Yo siempre trataba de hacer el famoso tándem por derecha, con quien jugara por allí: Varela o Cohelo. Entonces ahí creábamos superioridad sobre los rivales: “te la doy, me la das”. Y como le pegaba bien a la bola y era buena asistidor, entonces lo que empezó como una aventura de 2 o 3 partidos, terminó siendo mi puesto definitivo.
Yo jamás pensé que por darle una mano al equipo, iba a hacer carrera como lateral. Después me fui convenciendo que esa era mi posición y eso me dio muchísimas alegrías: me llevó a la primera convocatoria en la selección en el año 1999. En aquella época, todavía no era moneda corriente que Uruguay fuera a un Mundial y me citaron por parte de Víctor Púa a la selección a un partido amistoso en Santiago de Chile, para la despedida de los chilenos al mundial. O sea, fuimos sparring. Luego las citaciones fueron más frecuentes, para eliminatorias y para la Copa América del año 1999, que fue la frutilla del postre y todo esto gracias a mi desempeño como lateral.
“SALÍAMOS A LA CANCHA A DIVERTIRNOS Y A GANAR”
Tú participaste de un Nacional que cortó el sexenio de Peñarol de la mano de Hugo de León. ¿En qué se basaba el trabajo de Hugo de León?
Martín – Hugo es un líder por naturaleza y desde que llegó al club, vino con la difícil misión de cortar un sexenio. Nacional venía de cinco años donde la gente criticaba, algunas situaciones se podían haber evitado. De León tuvo que armar un grupo nuevo. Hubo limpieza ese año. La realidad es que en ese momento, se veía que había un gran grupo humano, pero casi todos sus jugadores eran unos “caras sucias”. Eran jóvenes de muy corta edad: Regueiro, Varela, Guigou, Yo. Todos andábamos por el entorno de los 24 años, más no teníamos y yo siempre lo digo: el equipo del 98 supo ser una generación dorada en Nacional. Fue una generación muy valorada por la gente y poco valorada a nivel dirigencial. Sobre todo, porque la historia venía siendo muy esquiva para Nacional y todos los que llegamos ese año, si las cosas hubieran salido mal, hubiéramos quedado en la historia negra, porque hubiera sido el primer sexenio de la historia. En ese momento nosotros, comandados por un líder, no nos dábamos cuenta de que la camiseta pesaba 40 kilos y salíamos a la cancha a divertirnos y a ganar. Yo creo que ese fue el secreto del éxito. Hoy en día y después que han pasado muchos años, valoras ese momento, que antes no le dabas tanta trascendencia, pero no porque no lo valoráramos, sino porque éramos unos “caras sucias”, que no entendíamos donde estábamos.
La realidad es que logramos el torneo y festejamos, pero no nos dimos cuenta, que era mucho más que eso: era quebrar con una historia que venía muy negativa; pasaron muchos jugadores que quedaron marcados porque club pasó por una época nefasta.
A partir del año 1998, Nacional hizo un click y se aggiornó en una cantidad de aspectos, en un sinfín de aspectos, que antes no pasaban. No solamente en ponerse en la espalda de un Hugo de León y de un grupo de jugadores nuevos, que fueron bien scoutiados, porque Nacional trajo a lo mejor del medio, sumados a algunos jugadores extranjeros, que también potenciaron al grupo. Pero a su vez, también comenzó a manejar “el fuera de la cancha”; es decir, también comenzó a tener peso en el Colegio de Árbitros, empezó tener peso en la AUF y muchas veces, a lo que vos podés hacer adentro de la cancha, también tenés que rodearlo de lo que podés hacer afuera. Nacional en ese sentido, dio un giro de 180 grados.
Pienso lo mismo, a partir de esa época Nacional ha esgrimido una cierta superioridad frente a su tradicional rival en el plano local, con mucho más campeonatos ganados que Peñarol.
Martín – Nacional dio un giro desde todo punto de vista: desde el punto de vista de las copas, desde el punto de vista de los logros, desde el punto de vista del marketing. Todo eso cambió, al punto tal, que yo me quedé en el club hasta el año 2002, inclusive y desde el año 1998 al 2002, gané 4 campeonatos uruguayos. Gané un tetracampeonato y a su vez, un tricampeonato; tuve el privilegio de ganar tres copas uruguayas consecutivamente y eso también me posiciona en la rica historia del club.
¿Recuerdas algún puntero que quedaba mucho trabajo? De esos en el que piensas: “Uy, me toca marcarlo, me va a hacer correr todo el partido”.
Martín – Yo tenía claro y lo pienso hasta el día de hoy, que la primera función de un lateral, es ser marcador y yo obviamente, no la cumplía, porque mis virtudes eran más las de ir, que las de venir y tuve la inteligencia durante mi carrera, de disimular mi falencias y potenciar mis virtudes y coincide con la explosión mundial de distintos laterales, que lo que hacían, era ir mucho al ataque y marcar poco, como Cafú, Roberto Carlos, Zizinho. Eran laterales que parecían volantes y eso me vino bien en el comparativo. Pero por supuesto que me tocó lidiar con jugadores que me amargaron el partido y te podría nombrar varios, pero te voy a nombrar a uno: En aquellos momentos nosotros enfrentábamos a Palmeiras por copa Libertadores y siempre nos tocaban en el mismo grupo y yo siempre que veía a Palmeiras, me acordaba de ese jugador, que me volvía loco y no tenía forma de ganarle los duelos, que era Ze Roberto.
“SE GANABA MUCHO MENOS POR UN SINFÍN DE COSAS”
Tenía una zurda magistral.
Martín – Una zurda magistral. Además era veloz con pelota, que es una cosa muy difícil y después se fue al Bayern de Munich y triunfó en Alemania y era jugador de selección. Bueno, cada vez que me agarraba ese nene, le miraba la espalda. El Hugo (de León) ya sabía y sobre todo, cuando jugábamos en el parque Antártica, el Hugo a la banda derecha la potenciaba, que era donde yo jugaba. Reforzaba esa banda para que no me hicieran el “dos uno”, porque te lo hacían y no lo agarrabas más.
Tú consideras que el jugador de ahora, que tiene todos los medios, que abre su celular y puede ver a cualquier jugador del mundo, que se le brindan más comodidades, que vive pensando en el pase. ¿Tiene la misma hambre de gloria?
Martín – Buena pregunta. En mi época, para lograr la trascendencia a nivel mundial, tenías que ser un reloj suizo todos los partidos.
Era un grupito de jugadores que llegaba eso.
Martín – Exacto, porque no tienes la exposición a nivel de redes y de información. Hoy en día estás haciendo algo y en otra parte del mundo te ven en vivo. Eso en mi época no existía. Desde ese punto de vista, mi época era mucho más difícil y los márgenes económicos eran otros. Uno peleaba para tratar de salir afuera para hacer la diferencia y se pagaba el 10% de lo que se paga hoy.
¿Se ganaba menos?
Martín – Se ganaba mucho menos, por un sinfín de cosas: la parte de marketing no estaba desarrollada. Nosotros cuando íbamos a jugar con la selección, viajábamos en el fondo del avión en clase económica; hoy viajaban en vuelo charter. Todo ha cambiado y está bien que así sea. El jugador de hoy en día, tiene una exposición mediática furiosa y también están en el ojo de la tormenta, porque hoy si juegas bien, sos un fenómeno y mañana si juegas mal y sos espantoso. Pero si tienes una regularidad, te va a ir mucho mejor que antes y más rápido. No creo que el jugador de hoy en día por tener todos estos detalles, tenga menos hambre.
¿A qué te dedicas ahora?
Martín – Yo siempre supe cuando dejara el fútbol, que no iba a ser entrenador, por la sencilla razón de que soy un tipo muy pasional; no me gusta perder a nada y para ser entrenador, tienes que tener la capacidad para corregir o elevar la voz, ser un poco psicólogo y no me veo capacitado para eso. Hoy estoy ligado al futbol desde el lugar empresarial, ya que me dedico a la representación de jugadores de diferentes edades, al manejo de la imagen de los mismos y también entrenadores y como el fútbol lo que te deja son contactos, me siento muy cómodo representando jugadores e intermediando.
Martín Del Campo se inició en Wanderers y luego pasó a jugar a Nacional, donde por esos años estaba Hugo De León de DT y esa generación consiguió cortar el sexenio de su tradicional rival y sentó las bases para un nuevo club, desde todo punto de vista.
En esta entrevista, nos cuenta sus vivencias y viajamos a un pasado muy diferente al fútbol actual con todos sus componentes.
“DEBUTÉ DE LA MANO DEL “BEBE” CASTELNOBLE”
¿Cuáles son tus orígenes Martín? ¿Dónde comenzaste a jugar al fútbol?
Martín – Nací en Pueblo Victoria, La Teja, en unos departamentos pegados a la sede de Uruguay Montevideo, allí me crié. Luego, cuando empiezo a dar mis primeros pasos en el fútbol, lo hice en un club de baby fútbol que quedaba a unas cuadras, que se llamaba Cádiz Real Junior. Dije se llamaba, porque ya no existe más. Estamos hablando del año 1985 y el club era muy conocido porque allí jugó, entre otras figuras, Enzo Francescoli.
Después formé parte de la selección de la liga La Teja-Capurro…
¿De qué jugabas cuando eras chico?
Martín – Mediocampista. Número 5. Y como la liga tenía un convenio con los equipos del Prado, terminé yendo a Wanderers. Pasé un filtro con dos scout y ya me integré a séptima división y pasé por todas las divisiones formativas, hasta debutar en primera división en el año 1995.
¿Te acuerdas del debut en Primera?
Martín – Lo que te puedo decir, es que mientras jugué en formativas y compartí el plantel con jugadores que luego llegaron a triunfar, como Diego Alonso, Walter Pandiani, que tampoco jugaban en las posiciones en las cuales después terminaron triunfando, porque Pandiani jugaba como volante derecho y el “Tornado” Alonso jugaba como enganche.
Debuté de la mano del “Bebe” Castelnoble, un hombre muy querido por la gente de Wanderers y en esa época teníamos como Capitán al “Chifle” Barrios, como delantero a Juan Ravera, como número 10 a Walter Pelletti. La zaga la integraba Fabián Coito, que hoy es el DT de la selección de Honduras, Mauricio Vigo era el arquero. También tuve la posibilidad de jugar con Montelongo y el propio Daniel Carreño.
“MI AVENTURA COMO LATERAL EMPEZÓ 1998 CUANDO ME COMPRA NACIONAL”
¿De qué jugabas en Wanderers?
Martín – Siempre de volante derecho y en ese puesto debuté; pero como era un tipo, que tenía como cualidad importante la velocidad, buenos pulmones para hacer la banda, hubo un primer período que me corrieron por afuera, como una especie de puntero derecho y también jugué como extremo izquierdo. Jugué por las dos bandas.
¿Y cómo fue tu pasaje a la banda como lateral?
Martín – Mi aventura como lateral empezó 1998, cuando me compra Nacional.
¿Eras hincha de Nacional? No nos hagas versos…
Martín – En realidad mi familia estaba polarizada y sacando a mi hermano, todo el resto son hinchas de Nacional y yo en aquella época, simpatizaba, pero no tenía un gran sentido de pertenencia con Nacional. Pero el año 1998 transcurrió de dos maneras: tuve un técnico que me dejó mucho, Luis Garisto y él me puso como extremo derecho y tuve la suerte, que en ese primer semestre, hice 7 goles y por eso me lleva Nacional en Julio del 98, como extremo derecho. Y yo llego a ese Nacional, que ya había salido campeón del torneo Apertura de la mano de Hugo de León y sabía que era difícil que pudiera jugar, porque cuando uno llega a un equipo que es campeón, sabe que tiene que esperar su turno. Y las cosas que tiene el destino, 10 días antes de debutar en el torneo Clausura, Jorgeao, que era el zaguero titular, una semana en que llovió mucho, tuvimos que entrenar en un gimnasio cerrado y se cayó y se fracturó la muñeca y no me olvido más, Hugo de León me preguntó si yo le podía dar una mano como lateral, si bien yo nunca había jugado allí Y yo con tal de jugar, le dije que sí y si me preguntaban si quería jugar de golero, también le decía que sí.
¿Nunca habías jugado de lateral?
Martín – No, nunca había jugado. Pero tampoco podía ser tan difícil, me tenía que correr 10 metros más para atrás. Yo nunca fui un tipo que me caractericé por la marca, jamás. Entonces eso lo complementaba tratando de estar bien posicionado, tratando de estar siempre bien aplicado a la línea defensiva y con eso disimulaba la falta de marca.
Así empecé mi aventura por el lateral y la prensa decía que lo hacía bien, tenía como cualidades, que era muy rápido, que me gustaba pasar permanentemente al ataque; era un volante más a pesar de que jugaba de lateral y como era aplicado, disimulaba todas las desventajas que podía tener en materia de marca. Yo siempre trataba de hacer el famoso tándem por derecha, con quien jugara por allí: Varela o Cohelo. Entonces ahí creábamos superioridad sobre los rivales: “te la doy, me la das”. Y como le pegaba bien a la bola y era buena asistidor, entonces lo que empezó como una aventura de 2 o 3 partidos, terminó siendo mi puesto definitivo.
Yo jamás pensé que por darle una mano al equipo, iba a hacer carrera como lateral. Después me fui convenciendo que esa era mi posición y eso me dio muchísimas alegrías: me llevó a la primera convocatoria en la selección en el año 1999. En aquella época, todavía no era moneda corriente que Uruguay fuera a un Mundial y me citaron por parte de Víctor Púa a la selección a un partido amistoso en Santiago de Chile, para la despedida de los chilenos al mundial. O sea, fuimos sparring. Luego las citaciones fueron más frecuentes, para eliminatorias y para la Copa América del año 1999, que fue la frutilla del postre y todo esto gracias a mi desempeño como lateral.
“SALÍAMOS A LA CANCHA A DIVERTIRNOS Y A GANAR”
Tú participaste de un Nacional que cortó el sexenio de Peñarol de la mano de Hugo de León. ¿En qué se basaba el trabajo de Hugo de León?
Martín – Hugo es un líder por naturaleza y desde que llegó al club, vino con la difícil misión de cortar un sexenio. Nacional venía de cinco años donde la gente criticaba, algunas situaciones se podían haber evitado. De León tuvo que armar un grupo nuevo. Hubo limpieza ese año. La realidad es que en ese momento, se veía que había un gran grupo humano, pero casi todos sus jugadores eran unos “caras sucias”. Eran jóvenes de muy corta edad: Regueiro, Varela, Guigou, Yo. Todos andábamos por el entorno de los 24 años, más no teníamos y yo siempre lo digo: el equipo del 98 supo ser una generación dorada en Nacional. Fue una generación muy valorada por la gente y poco valorada a nivel dirigencial. Sobre todo, porque la historia venía siendo muy esquiva para Nacional y todos los que llegamos ese año, si las cosas hubieran salido mal, hubiéramos quedado en la historia negra, porque hubiera sido el primer sexenio de la historia. En ese momento nosotros, comandados por un líder, no nos dábamos cuenta de que la camiseta pesaba 40 kilos y salíamos a la cancha a divertirnos y a ganar. Yo creo que ese fue el secreto del éxito. Hoy en día y después que han pasado muchos años, valoras ese momento, que antes no le dabas tanta trascendencia, pero no porque no lo valoráramos, sino porque éramos unos “caras sucias”, que no entendíamos donde estábamos.
La realidad es que logramos el torneo y festejamos, pero no nos dimos cuenta, que era mucho más que eso: era quebrar con una historia que venía muy negativa; pasaron muchos jugadores que quedaron marcados porque club pasó por una época nefasta.
A partir del año 1998, Nacional hizo un click y se aggiornó en una cantidad de aspectos, en un sinfín de aspectos, que antes no pasaban. No solamente en ponerse en la espalda de un Hugo de León y de un grupo de jugadores nuevos, que fueron bien scoutiados, porque Nacional trajo a lo mejor del medio, sumados a algunos jugadores extranjeros, que también potenciaron al grupo. Pero a su vez, también comenzó a manejar “el fuera de la cancha”; es decir, también comenzó a tener peso en el Colegio de Árbitros, empezó tener peso en la AUF y muchas veces, a lo que vos podés hacer adentro de la cancha, también tenés que rodearlo de lo que podés hacer afuera. Nacional en ese sentido, dio un giro de 180 grados.
Pienso lo mismo, a partir de esa época Nacional ha esgrimido una cierta superioridad frente a su tradicional rival en el plano local, con mucho más campeonatos ganados que Peñarol.
Martín – Nacional dio un giro desde todo punto de vista: desde el punto de vista de las copas, desde el punto de vista de los logros, desde el punto de vista del marketing. Todo eso cambió, al punto tal, que yo me quedé en el club hasta el año 2002, inclusive y desde el año 1998 al 2002, gané 4 campeonatos uruguayos. Gané un tetracampeonato y a su vez, un tricampeonato; tuve el privilegio de ganar tres copas uruguayas consecutivamente y eso también me posiciona en la rica historia del club.
¿Recuerdas algún puntero que quedaba mucho trabajo? De esos en el que piensas: “Uy, me toca marcarlo, me va a hacer correr todo el partido”.
Martín – Yo tenía claro y lo pienso hasta el día de hoy, que la primera función de un lateral, es ser marcador y yo obviamente, no la cumplía, porque mis virtudes eran más las de ir, que las de venir y tuve la inteligencia durante mi carrera, de disimular mi falencias y potenciar mis virtudes y coincide con la explosión mundial de distintos laterales, que lo que hacían, era ir mucho al ataque y marcar poco, como Cafú, Roberto Carlos, Zizinho. Eran laterales que parecían volantes y eso me vino bien en el comparativo. Pero por supuesto que me tocó lidiar con jugadores que me amargaron el partido y te podría nombrar varios, pero te voy a nombrar a uno: En aquellos momentos nosotros enfrentábamos a Palmeiras por copa Libertadores y siempre nos tocaban en el mismo grupo y yo siempre que veía a Palmeiras, me acordaba de ese jugador, que me volvía loco y no tenía forma de ganarle los duelos, que era Ze Roberto.
“SE GANABA MUCHO MENOS POR UN SINFÍN DE COSAS”
Tenía una zurda magistral.
Martín – Una zurda magistral. Además era veloz con pelota, que es una cosa muy difícil y después se fue al Bayern de Munich y triunfó en Alemania y era jugador de selección. Bueno, cada vez que me agarraba ese nene, le miraba la espalda. El Hugo (de León) ya sabía y sobre todo, cuando jugábamos en el parque Antártica, el Hugo a la banda derecha la potenciaba, que era donde yo jugaba. Reforzaba esa banda para que no me hicieran el “dos uno”, porque te lo hacían y no lo agarrabas más.
Tú consideras que el jugador de ahora, que tiene todos los medios, que abre su celular y puede ver a cualquier jugador del mundo, que se le brindan más comodidades, que vive pensando en el pase. ¿Tiene la misma hambre de gloria?
Martín – Buena pregunta. En mi época, para lograr la trascendencia a nivel mundial, tenías que ser un reloj suizo todos los partidos.
Era un grupito de jugadores que llegaba eso.
Martín – Exacto, porque no tienes la exposición a nivel de redes y de información. Hoy en día estás haciendo algo y en otra parte del mundo te ven en vivo. Eso en mi época no existía. Desde ese punto de vista, mi época era mucho más difícil y los márgenes económicos eran otros. Uno peleaba para tratar de salir afuera para hacer la diferencia y se pagaba el 10% de lo que se paga hoy.
¿Se ganaba menos?
Martín – Se ganaba mucho menos, por un sinfín de cosas: la parte de marketing no estaba desarrollada. Nosotros cuando íbamos a jugar con la selección, viajábamos en el fondo del avión en clase económica; hoy viajaban en vuelo charter. Todo ha cambiado y está bien que así sea. El jugador de hoy en día, tiene una exposición mediática furiosa y también están en el ojo de la tormenta, porque hoy si juegas bien, sos un fenómeno y mañana si juegas mal y sos espantoso. Pero si tienes una regularidad, te va a ir mucho mejor que antes y más rápido. No creo que el jugador de hoy en día por tener todos estos detalles, tenga menos hambre.
¿A qué te dedicas ahora?
Martín – Yo siempre supe cuando dejara el fútbol, que no iba a ser entrenador, por la sencilla razón de que soy un tipo muy pasional; no me gusta perder a nada y para ser entrenador, tienes que tener la capacidad para corregir o elevar la voz, ser un poco psicólogo y no me veo capacitado para eso. Hoy estoy ligado al futbol desde el lugar empresarial, ya que me dedico a la representación de jugadores de diferentes edades, al manejo de la imagen de los mismos y también entrenadores y como el fútbol lo que te deja son contactos, me siento muy cómodo representando jugadores e intermediando.
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